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Tu equipo ya usa IA. Tu empresa todavía no

Un CEO tenía tres meses para implementar IA y un equipo que ya la usaba sin reglas. Esta es la regla y las cuatro capas que le recomendé.

Carolina Arce
Carolina Arce Fundadora · Kavanta
8 min de lectura

Hace unos días me llamó el CEO de una organización. Me llamó con una fecha encima.

Implementar IA no estaba en sus planes. Tenía una organización que dirigir, metas que cumplir y otras prioridades sobre la mesa. Pero el directorio ya lo había decidido: la organización iba a implementar IA, y él tenía tres meses para que pasara.

No es una posición cómoda. Te piden liderar un cambio que no elegiste, en un tema que no dominas, con un plazo que corre desde el primer día. Y los errores quedan a la vista de quienes pusieron la fecha.

Se puso a estudiar. Y mientras más leía, más se agobiaba. Modelos nuevos cada semana, herramientas que prometían cambiarlo todo, términos que no conocía.

Encima, sabía algo que lo inquietaba: en su oficina la gente ya usaba IA. Cada uno a su manera, con la herramienta que quería, sin política y sin ninguna herramienta aprobada.

La IA había entrado a su organización como entró WhatsApp al trabajo: cada uno desde su teléfono, con sus propios chats con clientes, sin que nadie lo decidiera.

¿Qué cuesta que cada uno use su propia IA?

El uso informal tiene una parte muy buena: el equipo quiere usar IA, y eso es lo más difícil de conseguir. Pero tiene costos que no se ven.

El mejor agente del área lo armó una sola persona en su cuenta personal. Cuando sale de vacaciones, nadie más puede usarlo, y si se va de la empresa, se va a perder ese conocimiento.

La información de la empresa circula por cuentas personales, sin que nadie haya decidido qué se puede subir y qué no.

Y cada uno avanza a su ritmo: hay quien ya delega la mitad de su trabajo y quien nunca abrió la herramienta.

Todo cambia cada semana

La IA sigue avanzando cada semana, y cada avance llega con titulares que prometen que ahora sí cambia todo. A eso se suma que cada herramienta que la empresa ya paga anuncia su propia función de IA.

Para un líder que está partiendo, cada noticia se siente como una decisión pendiente. Ese era el agobio de ese CEO: tenía información de sobra, y toda parecía urgente.

Dos caminos que parecen lógicos

Esperar a que se calme. Si todo cambia tan rápido, parece sensato esperar a que se estabilice. Pero mientras esperas, tu equipo sigue usando IA igual, solo que sin reglas.

Elegir primero la mejor herramienta. Aquí es donde más empresas se quedan atrapadas: comparando, pidiendo demos, buscando la opción perfecta. La mejor herramienta de este trimestre probablemente no sea la del próximo.

¿Cómo implementar IA en una empresa?

En el último año trabajé con decenas de empresas en su adopción de IA y diseñé más de 110 procesos con IA. Además, en Kavanta dedicamos miles de horas a investigar y analizar cómo se integran estas herramientas en empresas.

Hay más de una forma de implementar IA. La que le recomendé, porque es la que mejor aprovecha las herramientas y sus costos, es activarlas en orden.

Ese orden tiene una regla y cuatro capas.

Primero, la regla

La política tiene tres partes: prohibir las herramientas de IA gratuitas para el trabajo, contratar planes empresa y no pagarle a nadie un plan personal.

Sin herramientas gratuitas para el trabajo. En una cuenta gratuita, la empresa pierde el control de la información que se sube. Según la herramienta y su configuración, esas conversaciones pueden usarse para entrenar modelos.

Planes empresa. Con un plan empresa, la organización administra quién tiene acceso, define qué se hace con la información, y lo que construye el equipo (skills, agentes, proyectos) queda en la empresa.

Sin reembolsar planes personales. Pagarle a cada persona su suscripción parece un atajo generoso, pero la cuenta sigue siendo de ella. Cuando se va, se lleva sus conversaciones, sus agentes y todo lo que aprendió a hacer con ellos. La empresa paga por algo que no puede administrar.

Capa 1: la IA donde tu equipo ya trabaja

Casi todas las empresas trabajan sobre Google Workspace o Microsoft 365, y cada una trae su propio modelo: Gemini en Google, Copilot en Microsoft.

Es una capa que se suele subestimar, porque parece básica. Pero es justo donde tu equipo pasa el día.

El correo, los documentos, las planillas y las reuniones ya están ahí, y la IA puede resumir un hilo de cincuenta correos, redactar la respuesta, analizar la planilla de ventas o tomar las notas de una reunión, sin que nadie cambie de herramienta.

Esta capa también pone a todos en la misma base: la misma IA, con cuentas de empresa y bajo las mismas reglas. En muchos planes ya viene incluida, y aun así muchas empresas la tienen sin usarla.

Si trabajas con Google, Gemini hace muy buen trabajo, y tiene un costo menor que la IA de Microsoft.

Capa 2: una plataforma agéntica para delegar el trabajo digital

Hoy es posible delegar en la IA buena parte de las actividades digitales que hacen las personas: investigar, analizar, redactar, calcular, preparar, dar seguimiento.

Una plataforma agéntica como Claude o ChatGPT planifica, persigue un objetivo y ejecuta tareas con tus herramientas. Y para una empresa, lo más valioso es que guarda cómo se hace el trabajo:

  • Con skills, la forma de hacer una tarea queda escrita y se repite igual cada vez.
  • Con agentes, un proceso de varios pasos corre de principio a fin.
  • Con rutinas (tareas programadas), el trabajo se ejecuta solo a la hora que corresponde, como el reporte de ventas del lunes a las 8.

Ese es el cambio de fondo. El conocimiento que antes vivía en la cabeza o en el historial de una persona pasa a ser de la empresa.

En los procesos implementados que hemos medido, las tareas digitales se delegan en promedio un 75%, en marketing, ventas, finanzas, recursos humanos y operaciones. Algunas llegan al 99% y otras se quedan en el 50%. Expliqué por qué en este artículo.

Nosotros preferimos Claude para empresas, por la calidad de lo que produce y lo fácil que es de usar.

Capa 3: la IA que ya estás pagando

Tu CRM, tu ERP y tu herramienta de prospección hoy casi todos están incorporando IA. Algunos lo hicieron muy bien; otros la agregaron para no quedarse atrás. Y en muchas empresas esas funciones están ahí, pagadas, sin que nadie las use.

Saltarse esta capa tiene un costo doble. Puedes pagar dos veces por lo mismo, construyendo o comprando algo que tu herramienta actual ya hacía. O puedes quedarte con una herramienta que se quedó atrás y frena todo lo demás.

Esta capa requiere pilotear: tomar las herramientas que ya usas, probar sus funciones de IA en un proceso real y decidir con una pregunta: ¿se conecta con la plataforma que elegiste en la capa 2?

Si no se conecta y tampoco trae IA útil, conviene reemplazarla. Una herramienta aislada suele terminar costando más en horas de lo que ahorra en licencia.

En Kavanta nos pasó. Nuestro CRM lanzó chatbots inteligentes incluidos, pero nunca los habíamos usado, ya que habíamos desarrollado los nuestros por fuera. Cuando hicimos el piloto con los del CRM, descubrimos que funcionaban mejor y que, al estar integrados, bajaban los costos.

Capa 4: las conexiones, lo que tiene que pasar solo

Las tres primeras capas cubren el trabajo que alguien pide. Faltan las tareas de traspaso de información entre plataformas: el dato que llega al formulario y tiene que pasar al CRM, la venta cerrada que tiene que llegar a facturación.

Para eso están las herramientas de flujos, como n8n, Make y Zapier. Se conectan a múltiples plataformas y además pueden usar distintos modelos de IA en medio del camino.

Un agente trabaja en una conversación: alguien le pide que prepare la reunión de mañana, y el agente investiga, arma el documento y lo entrega.

Un flujo no espera a nadie: se activa cuando algo ocurre, como un formulario nuevo o un pago recibido, y recorre siempre el mismo camino, a cualquier hora.

Los agentes sirven para el trabajo que requiere criterio en cada caso. Los flujos, para el traspaso que tiene que pasar igual cada vez.

Laboro, referente en mejoras de inmuebles en México, crecía más rápido de lo que su equipo podía absorber. Automatizó el traspaso entre las plataformas que ya usaba y sumó un cotizador que genera presupuestos solo.

Como dice su CEO, Daniel Ricchiuti: “Hoy podemos atender en horas lo que antes tomaba días”. Su conversión de interesados a ventas subió 66%, con el mismo equipo.

Lo que viene para ese CEO

Ese CEO me llamó con tres meses por delante y una lista larga de noticias. Hoy tiene un plan: qué herramientas implementar y en qué orden.

Pero implementar las herramientas es la mitad del camino. El desafío que viene es que su equipo aprenda a sacarles el máximo provecho como empresa, a delegar en la IA las tareas complicadas y, así, a liberar tiempo para crecer.

¿Por dónde partir?

Depende de dónde estés. Si todavía no tienes nada, parte por la regla y la capa 1. Si ya tienes la base, profundízala y pasa a la plataforma agéntica. Después vienen las herramientas que ya pagas y las conexiones.

Cada capa se construye sobre la anterior.

Las herramientas se activan en semanas. Lo que las convierte en tiempo para crecer es que tu equipo aprenda a delegar en ellas.

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